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Los Partidos y la crisis de la politica: Parte III

Los Partidos y la crisis de la politica: Parte III Es evidente que la fragilidad del sistema de partidos en el Perú, tiene su origen también en la crisis de la política. Crisis que tiene varias características entre las cuales, por una parte, están los ciudadanos afectados por la falta de soluciones que produce la forma elitista de hacer política y por la otra, están los poderes fácticos (Liberales) que buscan imponer la lógica del mercado como el nuevo ordenamiento de la vida social y de la toma de decisiones.

Los partidos como organizaciones de intermediación entre la sociedad y el estado, pierden la confianza de los ciudadanos porque dejan de ser útiles como canales de representación. Lo que ha sucedido es el fracaso del vínculo, entre la sociedad y el estado. Los partidos, al producirse la ruptura ocasionada por la lógica del mercado como la única ordenadora del conjunto de la vida social, pierden su capacidad de ofrecer soluciones a las demandas de la población porque dejan de tener acceso a los recursos que les habían permitido atender las demandas en el pasado, es decir, la época del populismo en donde, los partidos canalizaban y daban lugar a las demandas de los pobres mediante decisiones o formulas asistencialistas, que en parte solucionaban ciertos problemas inmediatos pero, que no solucionaban los problemas sociales, existentes hasta hoy.

Otro de los aspectos que debemos tomar en cuenta en el análisis político, es la relación entre estructuras y actores sociales. Desde un punto de vista histórico la aparición de nuevos actores políticos como el populismo y el socialismo, (1930) que expusieron la falta de legitimidad de la oligarquía, pero no pudieron terminar con las bases materiales de esa dominación, ni tampoco con su tradición política y luego la sucesión de dictaduras militares interrumpidas sólo por cortos periodos democráticos, produjo un freno a la democratización social y política que se traduce en la permanencia de una agricultura terrateniente tradicional basada en la unión del campesino a la tierra, que reprodujo una clase antidemocrática por excelencia, los terratenientes.

Esta clase mantuvo una relación de servidumbre de un sector importante del campesinado que restó las condiciones estructurales para el desarrollo de la ciudadanía. Al mismo tiempo, la migración del campo-ciudad, originó un proceso de urbanización sin la contrapartida de la industrialización, que trajo como consecuencia que estos migrantes pasaran a formar parte de una masa urbana empobrecida, los mismos que con el tiempo ha dado lugar al denominado sector informal.

Esto, sumado a la llegada tardía del sufragio universal en el Perú, que fue legislado recién en la Constitución de 1979, que no fue por iniciativa de los partidos políticos, sino de los militares que convocaron a la Asamblea Constituyente, trajo como consecuencia una institucionalidad democrática débil. La tardanza en la eliminación del binomio terrateniente-campesino/siervo y en la instauración del sufragio universal significó el fracaso de los partidos de los años 30. Esto es el caso de los dos grandes partidos populistas: el Partido Aprista Peruano (PAP) y Acción Popular (AP) que no supieron afrontar la solución de estas cuestiones cruciales, que los llevo a su agotamiento como alternativas de cambio.

Este contexto dio origen a una sociedad civil débil y relativamente pequeña que en el periodo de 1980-1992 enfrentan a los grupos antisistema (Sendero Luminoso. MRTA) tanto dentro como fuera de la escena electoral, lo que motiva respuestas violentas de los aparatos represivos del estado y por consiguiente un drástico recorte del espacio de la política a favor del espacio de guerra y conflicto.

Estas características, de falta de respeto a la ley, hacen poco posible la convivencia democrática, más aún en un escenario en que los partidos no pueden o no quieren ponerse de acuerdo sobre alternativas para enfrentar los problemas fundamentales de la crisis económica y la violencia política de esa época, que los lleva a una falta de legitimidad y que en parte explica la ruptura del régimen democrático en donde los partidos políticos no cuentan con ninguna propuesta para los problemas políticos estructurales que desencadenan los conflictos y la inestabilidad que produjo la violencia en esa época.

Así llegamos a la conclusión que en estas condiciones es muy importante la interacción entre los actores políticos llámese partidos políticos, estado y sociedad para enfrentar los problemas estructurales que en determinadas épocas se producen y que condicionan el escenario político. En diversos momentos de la historia del Perú, como el mencionado de la época de violencia, los partidos políticos no asumieron el rol que les compete ni presentaron soluciones a los problemas contemporáneos dedicándose nada más a sobrevivir de la mejor manera para seguir gozando de los beneficios del poder y esto evidentemente trajo como consecuencia el ahondamiento de la desconfianza de los ciudadanos hacia ellos.
(Continuará)
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